LA IDEA DE JUSTICIA EN AMARTYA SEN

Por: Juan Guillermo Durán Mantilla

El premio nobel de economía de 1998 Amartya Sen es también un notable filósofo del derecho y de la política; en efecto, ello lo podemos observar en una sola muestra: duró 24 años escribiendo “La idea de la justicia” (libro publicado por Taurus-Pensamiento, en julio de 2010, con traducción de Hernando Valencia Villa), que es considerada una obra grandiosa en ambos campos (el derecho y la política); es quizá el más grande aporte a una teoría de la justicia desde John Rawls en 1971, autor precisamente a quien dedica Sen su libro y a quien de paso critica frontalmente, tal como lo deja entrever en el título del  capítulo 2: “Rawls y más allá”.

En este artículo trataré de presentar los que considero rasgos más característicos de la justicia en Sen:

  • a) En primer término, la justicia como concepto perfecto (hay tantos, pero en especial el de “justicia como equidad” de Rawls al que Sen enfrenta en el capítulo 2), no es lo prioritario; no hay que partir de tal concepto perfecto de justicia; y no es que no interese sino que pasa a segundo plano, pues lo importante en primer término para Sen son las “injusticias manifiestas” a partir de las cuales se puede ir haciendo avances para construir la justicia: “la identificación de la injusticia reparable no sólo nos mueve a pensar en la justicia y la injusticia; también resulta central, y así lo sostengo en este libro, para la teoría de la justicia…; el diagnóstico de la injusticia aparecerá con frecuencia como el punto de partida de la discusión crítica”; y más adelante dice al tratar de su teoría: “Su propósito es esclarecer cómo podemos plantearnos la cuestión del mejoramiento de la justicia y la superación de la injusticia, en lugar de ofrecer respuestas a las preguntas sobre la naturaleza de la justicia perfecta”.

Lo anterior es tanto como partir de la cruda realidad de la injusticia para subir después al concepto de justicia; es la utilización por excelencia del método epistemológico de la inducción. Ello, porque como dice el mismo Sen, los humanos somos ante todo sensibles a la injusticia antes de hacer elaborados conceptos; es lo que le sucede a un niño, o lo que le acaeció a los revolucionarios franceses, a Gandhi, a Martin Luther King… Ellos no partieron sino de la cruda injusticia antes que de conceptos depurados sobre la justicia. Además, no se parte –como los citados luchadores por la superación de las injusticias que veían- de imaginar una justicia perfecta cuanto de superar lo notoriamente injusto: “Lo que nos mueve, –dice Sen-  con razón suficiente, no es la percepción de que el mundo no es justo del todo, lo cual pocos esperamos, sino que hay injusticias claramente remediables en nuestro entorno que quisiéramos suprimir”.

Desde luego Sen no se reduce al mero sentimiento de injusticia sino que evocando a Adam Smith en su obra “Teoría de los sentimientos morales”, dice que siendo el sentimiento punto de partida debe ser elaborado por la razón: “Comprender el mundo no es nunca una simple cuestión de registrar nuestras percepciones inmediatas. Comprender entraña inevitablemente razonar”.

Por eso, Sen da gran importancia al papel de la razón y de los procesos. Da importancia a la primera, y ella desde luego pública y democrática, como sucede en especial desde Kant, pues “La discusión razonada puede acomodar posiciones en conflicto que a otros parecen prejuicios irracionales”; y da importancia a los procesos, pues “sería difícilmente adecuado concentrarse solo en lo que realmente sucede e ignorar por completo los procesos…”.

  • b) La idea de justicia de Sen –partiendo de la injusticia manifiesta y no de la justicia perfecta- supone un apartamiento de las teorías de justicia predominantes desde la Ilustración francesa, incluido, desde luego, el mismo Rawls; en efecto, lo dominante ha sido partir de lo perfecto y  perfección encarnada en instituciones: el pacto social, el estado, los poderes ejecutivo, legislativo, judicial, etc. Pero Sen se inclina más bien –sin desconocer el aporte de la visión predominante que él llama “Institucionalismo trascendental”- por otra visión también de la Ilustración francesa, la que defendieron autores como el nombrado Adam Smith, Condorcet, Bentham, Marx, John Stuart Mill, Mary Wollstonecraft, entre otros, quienes se concentraron ante todo en la vida real de la gente, las interacciones sociales, y factores de ese estilo: Por eso “Este libro –dice Sen- se inspira en gran medida en esa tradición alternativa”, que Sen mismo llama “esquema comparativo”.

Pero, ¿qué es lo anterior de vida real? Son, señala Sen, las “transgresiones del comportamiento”, es la “perspectiva comparada, más allá del limitado y limitante marco del contrato social”, es “cuando luchamos contra la opresión”,  es la protesta “contra la negligencia médica sistemática”, es el repudio a “la permisibilidad de la tortura”, es el rechazo a la “tolerancia silenciosa del hambre crónica”, etc., y desde esas cosas ir construyendo la justicia poco a poco.

Para Sen esa vida real es la grilla de partida: “El énfasis en las vidas reales para la evaluación de la justicia tiene muchas implicaciones de largo alcance para la naturaleza y el alcance de la idea de justicia”; y vuelve a insistir: “En contraste, muchas de las teorías de la justicia se concentran de manera abrumadora en cómo establecer ‘instituciones justas’, y conceden una función subsidiaria y dependiente a las cuestiones relacionadas con el comportamiento. Por ejemplo, el merecidamente celebrado concepto de la ‘justicia como equidad’ de John Rawls se traduce en un conjunto único de ‘principios de justicia’ que se refieren de manera exclusiva al establecimiento de ‘instituciones justas’, constitutivas de la estructura básica de la sociedad, mientras exigen que la conducta de las personas se ajuste por completo al adecuado funcionamiento de dichas instituciones”.

De ese mundo de las preocupaciones se ocupan los 10 primeros capítulos del libro antes de pasar a las aplicaciones, lo cual implica la evaluación de los fundamentos en los cuales se basan los juicios sobre la justicia.

  • c) Pero si lo que importa es el mundo real más que el ideal, es central que no partamos de principios, de esquemas perfectos –que, se repite, no se descalifican- y nos atengamos más bien a la multiplicidad de la vida real, pues “Si un diagnóstico de esquemas sociales perfectamente justos es incurablemente problemático, la estrategia entera del institucionalismo trascendental resulta entonces muy dañada”, y “La elaborada exploración de la justicia social rawlsiana, que procede paso a paso desde la identificación y el establecimiento de justas instituciones, se atascaría en la base misma”.

Lo procedente, entonces, es partir de lo diverso, lo real, lo existente: “Lo que se requiere, en cambio, es un acuerdo, basado en la razón pública, sobre la gradación de las alternativas realizables”; se trata, en terminología de Sen, de contar con “teorías conglomerantes” más que trascendentales.

Por ello es que Sen dedica en el libro capítulos intitulados como “Imparcialidad cerrada y abierta”, “Posición, relevancia e ilusión”, “La racionalidad y las otras personas”, y, “La pluralidad de razones imparciales”, todos ellos destinados a mostrar que los principios ideales son de muy difícil práctica (dice Sen que no se debe perder de vista que la “posición original” y el “velo de ignorancia” como mecanismos para construir la Constitución y la legislación son meras imaginaciones de Rawls), mientras que lo verdaderamente real es la multiplicidad de situaciones de la gente, que necesita de procesos de abajo hacia arriba, de correcciones permanentes, más al estilo de Habermas, por ejemplo.

  • d) Otro rasgo es la superación de lo nacional para pensar en lo global: “…esta visión de la democracia puede tener incidencia en el esfuerzo de la democratización en el ámbito global y no sólo dentro del estado nacional”, estado nacional que fue la visión propia de los primeros ilustrados que tanto priorizaron la soberanía nacional.

***

En síntesis: partir de la injusticia notoria, partir de lo real más que de lo ideal, y pensar en lo global más allá de lo nacional, son pinceladas básicas de esta obra de Sen para construir justicia. Desde luego, quisiéramos seguir escribiendo más adelante sobre este libro para exponer una visión crítica más completa del mismo.

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